proceso de restauración

Hoy tenemos el privilegio de enseñaros el proceso de restauración de unos maniquíes muy antiguos procedentes de una conocida tienda de ropa infantil que abrió sus puertas a finales del siglo XIX, concretamente en 1896 , de hecho algunos de estos maniquíes han permanecido en la misma familia durante cuatro generaciones. Ahora, 123 años después, hemos tenido el placer de devolver su esplendor original a estos niños que durante tanto tiempo adornaron uno de los escaparates más representativos del barrio de Malasaña.

Es un lujo poder ver el mimo y la dedicación con la que se elaboraron estas piezas de forma totalmente artesanal con yeso, estopa y arpillera, toda una obra de artesanía que a día de hoy eleva estos maniquíes a categoría de escultura.

Los recibimos en el taller con notables deterioros debido al paso del tiempo, parte de los yesos habían cristalizado dando lugar a grietas que ponían en riesgo la estructura y si hablamos de la policromía se encontraba totalmente desprendida en numerosos fragmentos, una de las consecuencias más significativas del paso del tiempo es el daño en los pigmentos causado por el sol a través del escaparate, como todos hemos experimentado en alguna ocasión, el sol directo que incide sobre cualquier tinte sublima los pigmentos dejando cualquier superficie decolorada y absolutamente mate, prácticamente sin vida.

Para restaurar estas preciosas piezas de coleccionista lo primero era consolidar toda la estructura, pegando las grietas y haciéndolas desaparecer.

Una vez sólido el conjunto, comienza el trabajo de restaurar la superficie eliminando todos los desconchones y agujeros que había por todas partes, para ello limpiamos por completo toda la superficie con agua jabonosa neutra y rellenamos los desperfectos con cola de conejo y yeso. En todo momento utilizamos exactamente los mismos materiales que antaño se habían usado para la confección de las piezas, respetando así cada una de las técnicas usadas en la época.

Tras restaurar todos los daños externos pulimos toda la superficie para dejarla lisa y tersa, sobre todo para poder aplicar la policromía a base de pigmentos y aglutinantes.

Una vez pintados llega el turno de protegerlos y lo hacemos con una cera especial que preparamos en el taller a base de cera virgen de abeja y cera de carnauba.

Una vez aplicada esta capa de protección llega el momento de pulirla a base de muñequilla dando un efecto satinado a toda la pieza. Sólo queda dar el último toque, un acabo especial para los ojos y la boca consistente en pincelar un barniz brillante al agua para otorgar un aspecto vivo y realista a la pieza.

Para nosotros ha sido un regalo trabajar con estas piezas y devolver a estos pequeños su aspecto original, y sobre todo haber tenido el placer de conocer a la familia a la que pertenecen estas piezas, desde aquí nuestro pequeño homenaje a tantos años de dedicación. A estos maniquíes ¡sólo les falta hacer travesuras cuando nadie les mire!

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